Acceso clientes | Quiero registrarme

Ver la cesta

Jiddu Krishnamurti

Krishnamurti esencial

El mensaje que Jiddu Krishnamurti transmitió a lo largo de su vida, a través de las numerosas charlas que ofreció en todo el mundo, es tan simple como revelador: cada cual debe encontrar por sí mismo la raíz de su propia libertad.

En las charlas aquí recogidas, que tuvieron lugar en California, Inglaterra y Suiza, el maestro profundiza en este mensaje y plantea una manera de vivir el día a día totalmente distinta de como normalmente lo vivimos. K. nos invita a observar con claridad y discernimiento –es decir, sin los condicionamientos de la mente y del lenguaje– lo que sucede en nuestras acciones, anhelos y relaciones. Así, podemos comprender que la libertad, el amor, la belleza y la bondad son una sola cosa.

Comentarios [2]

1 Guzmán - 14/09/10 a las 02:14:59

Jiddu Krishnamurti y Nitya.

Mi hermano ha muerto;
éramos como dos estrellas en un cielo desnudo.
Él era igual que yo:
la piel tostada por el cálido Sol
en la tierra de suaves brisas,
oscilantes palmeras,
y ríos de agua fresca;
donde son innumerables las sombras,
y hay cotorras y papagayos de vivos colores.
Donde las copas verdes de los árboles
danzan bajo la refulgente luz del Sol;
donde hay dorados arenales
y mares de color verde azulado:
donde el mundo vive bajo el peso del Sol,
y la tierra cocida es marrón mate;
donde el arroz verde
centellea cautivador en las aguas limosas,
y los cuerpos tostados, desnudos, brillan
libres en el resplandor deslumbrante.
La tierra
de la madre que amamanta a su hijo al borde de la carretera;
del devoto amante
que trae en ofrenda vistosas flores;
del santuario a la orilla del camino;
de intenso silencio;
de paz inmensa.
Murió;
lloré en soledad.
Allá adonde iba, oía su voz
y su risa alegre.
Buscaba su rostro
en cada caminante
y a cada uno preguntaba si había visto a mi hermano;
pero ninguno de ellos podía darme consuelo.
Rogué,
recé,
mas los dioses guardaban silencio.
No me quedaban ya lágrimas;
no me quedaban sueños.
Lo busqué en todas las cosas,
en todos los países.
Lo oía en el susurro unísono de los árboles
llamándome a su morada.
Y luego,
en mi búsqueda,
apareciste Tú,
Señor de mi corazón;
sólo en Ti
vi el rostro de mi hermano.
Sólo en ti,
mi eterno Amor,
veo los rostros
de todos los vivos y de todos los muertos.

El Canto de la Vida, 1931.
Krishnamurti 100 años de Sabiduría, Evelyne Blau.
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

2 Toni Segarra Simeón - 08/09/11 a las 12:41:37

Esto demuestra que JKrishnamurti era un ser humano normal y corriente. Lo que lo diferenciaba de los demás es que era muy desarrollado mentalmente, muy rápido. Pero, es preciso que todos los hombres, si es que no son dementes, participen de la mente global, universal. Es decir, nadie puede impedir que lleguen los sentimientos, olas mentales, de soledad, alegría, tristeza, miedo, etc. Otra cosa es, qué hace uno con eso que le viene. Es decir, sólo podemos ir más allá de todo lo que es: violencia, conflicto, ansiedad, placer, ignorancia e impotencia. Nos hemos de atener a los hechos y no inventar no-hechos.

Enviar comentario

Libro impreso

  • Precio sin IVA:13.46 euros
  • Colección:Sabiduría perenne
  • ISBN:9788472457584
  • Páginas:168
  • Tamaño:13 x 20
Añadir a la cesta

Condiciones de uso | Información legal | Protección de los datos

Editorial Kairós - C/ Numancia, 117-121, 08029 Barcelona (España) - Telf.: +34 93 494 94 90 - Fax.: +34 93 410 51 66 - info@editorialkairos.com

SoyEditor 1.11