Viaje a la India
12 noviembre 2009
Apuntes de Agustín Pániker antes de embarcar hacia Nueva Delhi
La India es un mundo superpoblado de tópicos. Aunque los estereotipos nunca son gratuitos, no dejan de ser eso: clichés, generalizaciones y esencialismos. De los generados a propósito de la India –por indios o no-indios– tres sobresalen por encima del resto.
En primer lugar, la India exótica, aquella de palacios, piedras preciosas, sándalo, tigres, faquires y bailarinas. Es la India de ciertas novelas, tierra prometida de las especias, la India soñada en cualquier folleto de viaje.
En segundo lugar, la India miserable, aquella de chabolas, suciedad, accidentes catastróficos, injusticia social, violencia religiosa y doméstica. Es la India que aparece en los noticiarios, la India tercermundista que parece justificar la ayuda humanitaria.
Finalmente, la India sagrada, aquella de yoguis, ascetas y místicos incomparables. Es la India que ha dado al mundo el yoga, el budismo, el vedanta, el ayurveda o maestros contemporáneos como Ramana, Krishnamurti, Osho, Balsekar, Iyengar, Amma o Sai Baba.
Hoy salgo de viaje hacia Nueva Delhi para entrevistarme con editores, filósofos, pandits, impresores, informáticos… Presiento que, como en ocasiones anteriores, en cada situación voy a encontrarme y podré recrear una India diferente.
Puede que a algunos les dé cierta alergia el arquetipo del businessman indio de la pujante clase media (materialista y consumista como el que más, que domina el lenguaje del provecho y del triunfo); un rechazo que suele ser inversamente proporcional a la admiración que despierta el sabio o maestro hindú (ascético y desapegado, cuyo único anhelo es la liberación de la ignorancia y la contingencia). Suscribo. Pero también la viceversa. Porque he conocido maestros muy espabilados y materialistas (léase Karma-cola); lo mismo que hombres de negocios muy espirituales y frugales (sin ir más lejos, el recientemente fallecido Ramesh Balsekar fue presidente del Bank of India). Eso que llamamos “India” no se deja encasillar con facilidad.
A mi regreso les cuento con qué nuevas Indias me he topado.
Comentarios [2]
1 JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ - 18/11/09 a las 14:44:23
Idealizar o condenar incondicinalmente una civilización concreta es uno de los errores que comúnmente cometemos todos, y más en el caso de la India. Mi opinión al respecto es la siguiente: al poseer una antiguedad no comparable a ninguna otra cultura humana, la civilización hindú ha desarrollado hasta sus últimas consecuencias los aspectos filosóficos y religiosos de la existencia humana. Sin embargo, es evidente que la unidad que hasta hace poco posibilitó tal desarrollo (o mejor sería decir explicitación) está sucumbiendo a los fantasmas de la modernidad occidental. El interés que suscitan las doctrinas orientales se debe al olvido de nuestra propia tradición que, aunque menos intensa y extensa, es igual de profunda. El drama consiste en tomar de la India lo más exterior (al igual que hacen ellos con nosotros, los occidentales) y en este punto, editores y divulgadores deberían ejercer cierta responsabilidad. Centrémonos en lo más elevado de la tradición hindú y dejémos a un lado las pseudo-doctrinas sectarias de los Sai Baba, Osho, y demás maestrillos iluminados que tanto venden en occidente. El interés por la India debe rescatar a occidente de su olvido de la metafísica y la contemplación, y no convertirla en una mercancía más plagada de errores, pues ello agrava si cabe nuestra situación.
Espero que su viaje sea fructífero y pueda “traer” consigo siquiera un pedacito de esas joyas que la India tiene que ofrecernos.
Un saludo
2 Leonardo Lerena - 21/01/10 a las 16:27:12
Sr. José Carlos González:
Leí su breve comentario sobre India en esta página. Déjeme hacerle saber que hallar una opinión tan personal, emotiva e ideal sobre esta civilización me ha conmovido. Ante todo porque es la más sensata que encontré en la web. Peca de una veracidad elocuente. Imprescindible.
Le recomiendo, con muy buen tino, introducirse en “Origen y Destino del Hombre” y “La Evolución del Espíritu”, ambos libros editados por Dunken (Bs. As.) en pequeñas tiradas, escritos por el filósofo Julio Ozán Lavoisier, un referente de talla que inquiere a la civilización hindú como pocos. Siempre con el ánimo de conservar este patrimonio tan humano.
Estos textos han de aportar clarividencia y alto compromiso a las palabras por usted expresadas. Considero que usted ha de beneficiarse con esta obra, como ella de lectores de su talla.
Cordialmente
Leonardo A. Lerena