A mi regreso de la India
27 noviembre 2009
Las impresiones de Agustín Pániker tras su viaje a la India
Siempre es reconfortante viajar a la India. Porque allí no hay forma de evadir(se de) lo Real. En cualquiera de sus facetas. Régis Airault, psiquiatra del consulado francés en Mumbai, constató que existe un “síndrome India” que afecta a turistas, hombres de negocios, hippies o visitantes europeos. Ante el exceso de Realidad que supone el encuentro con la India, la identidad individual se tambalea.
Ocurre que –como señala José Carlos González– lo Real suele tomar la guisa del más caótico kali-yuga (la Edad Corrupta; la era de la decadencia social y espiritual). Kali-yuga en el tráfico, en la contaminación atmosférica, en la superpoblación… Kali-yuga acústico, higiénico, sanitario… Kali-yuga en la política, en los negocios, en lo social… Nada de eso es nuevo. Cierto. Hace treinta años que viajo con regularidad a ese continente. Pero como últimamente se venía escuchando hasta el hastío aquello del “crecimiento” de la India, el “progreso” de la India, las “potencias emergentes” de Asia, imaginábamos otra realidad. Como bien dice José Carlos, la India ha apostado, o mejor, está sucumbiendo a los fantasmas de la modernidad de corte occidental (aunque algún día me gustaría meterle mano a esa manía occidental de atribuirse el © de la modernidad). Y una cierta India urbana de clase media está tratando de generar una realidad virtual, un espejismo ajeno tanto al kali-yuga que lo rodea como a sus viejas tradiciones de sabiduría.
No hace falta viajar a la India para descubrir aquella sabiduría. No es necesario ir a ningún lado para cultivar lo que allí se llamó prajña, jñana, viveka o buddhi. Porque la gnôsis, lo místico, forma parte de todas las tradiciones. Aunque, en verdad, tendría que decir que es connatural a algunas personas. Hay quien tiene sensibilidad mística y quien no la tiene. (Está claro que José Carlos tiene hondura metafísica y filosófica; y la reivindica con justeza.) Como hay quien tiene oído musical y quien no. O aptitud para la danza.
Afortunadamente, en la India lo nuevo nunca elimina lo viejo. (Quizá esa flexibilidad explique la proverbial longevidad y resiliencia índicas.) En pocos lugares del planeta puede uno toparse simultáneamente y en toda su crudeza con lo que en otras latitudes llamaríamos diferentes “estadios de civilización”. Incluso el indio de clase media que –eurocentrismo obliga– nos parece una mala caricatura del burgués occidental (un parvenu tropical), no deja de tener uno, dos y hasta tres pies (ya se sabe que las divinidades en la India poseen muchas extremidades) apoyados en diferentes posos culturales, filosóficos y hasta morales. Fascinante.
Me traje infinidad de libros; que voy a leer y ponderar con detenimiento. Vi a personas muy interesantes, y otras mucho menos recomendables. También promocioné a nuestros autores por aquellas latitudes (algunos serán próximamente publicados por editoriales indias en lengua inglesa). Conocí a emprendedores informáticos, que nos ayudarán a reconvertir libros de Kairós al formato digital. Estuve en academias e instituciones; y en todo tipo de templos y refugios espirituales.
Pero, finalmente, la India que me enseña, de la que aprendo una y otra vez, siempre que viajo allí, es la de las sonrisas y ciertas pestañas pintadas de kool. Ahí, en esos instantes, lo sagrado te mira con dientes resplandecientes. Es el triunfo de la inmanencia; por doquier.
Comentarios [2]
1 jorge B - 17/02/10 a las 02:49:00
Siempre he querido conocer la India, sin embargo circunstancias inherentes a mí lo han hecho imposible.
He leído tu presentación y me ha hecho venir salivera de vivenciar “Lo real” en La India… pues en este decrépito mundo moderno occidental lo fácil es vivir inmerso en la experiencia, a la forma “europea”, de sufrir la supervivencia adorando un ego de plastilina.
Estoy terminando un largo viaje interior que va de ningún lugar a mí mismo, … así, reconociendo los pasos dados hacia el muro frontal del error cotidiano voy encontrando el camino y, a menudo, en los recodos puedo reconocer la belleza del instante que compartimos TODOS cuantos estamos vivos en el ahora.
Aquí en el Pirineo Occidental también resplandecen dientes, que suelen poder verse cuando brilla la apertura de corazón.
Gracias por tu trabajo.
Recibe este breve saludo de un viejo amigo …
“Agustín retoca palabras i las palabras retocan a Agustín”
2 PR - 24/02/10 a las 03:56:46
Me sobresalta leer su texto y comprobar, excitado, que hace tiempo escribí algo parecido. Lo repaso y veo que mi fragmento emana cierto misticismo que me resulta difícil de considerar como propio. Misticismo que creo que debí dejar en la aduana española, de regreso, y ha conseguido usted hacérmelo echar de menos.
“[…]La carencia, la falta, la simplicidad, la pobreza: Obligan a prescindir de lo superfluo, excedente y ostentoso. No me refiero exclusivamente a aquello visual, palpable. Otra vez, es cuestión de actitud, y es un fenómeno universal. Lo que permanece, una vez pasado por el cedazo, efectivamente, es aquello verdadero. Es la realidad, discernida.
Éste es el principal atractivo de la India. También dónde rae su dureza: No se trata, tan sólo, de contemplar la realidad. Ni de asimilarla, o de aceptarla. Se trata de ser capaz de interaccionar con ella; de permitir que esta fluya hacia afuera y de absorber el flujo que se nos proyecta.
No echo de menos el alcohol, ni la fiesta, ni las amistades, ni el mundo moderno. No añoro gran cosa. El sexo sí que lo echo de menos. Es que hay chicas hindúes muy guapas.”